martes, 12 de octubre de 2021

Pintando cuadros



No me hagas mirar atrás, pues si lo hago tropezaré con mi futuro. No me des la mano, pues no me salvará mientras me ahogo.
No me abraces, pues me quedo... hagamos de nuestra poesía el más bello de los recuerdos.

Solo recuérdame como una bonita piedra en tu camino, aquella que te emocione en alguna de tus noches de tristeza.

Haya sido magia o simple y cruel mentira, allá donde las almas felizmente descansan, nos encontraremos. Donde tus manos pinten cuadros de felicidad, donde tu mirada perfile mi sonrisa, te espero, aunque no crea en tus "te quieros".


Notas de un loco




Si te pienso en pasado, me engaño, mas mi consciente sufre.

Si te hablo en presente, me pierdo en un mar de dudas.

Si te sueño en futuro... ay si te sueño, benditos sueños.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Contigo, de nuevo

 

Una vez más, aquí me hallo, contigo. Con quien mejor me entiende y, cuando necesito, me comprende; de nuevo. Quien entiende lo que no comprendo y siempre, siempre, me ofrece lo que no tengo. Tu figura, la más bella; tus enseñanzas, por siempre serán eternas.

Eternamente bonito es observar y aprender, cuán gentil el sentir cuando de verdad ves. ¿Ves? Siempre te lo digo, no es más feliz quien cree poseer, mas si lo ves, ¿para qué necesitas creer lo que no es?
Sé, siente, mira dentro de ti y haz caso a quien te habla desde lo más profundo; sí, lo sé, no es fácil llegar hasta ese punto. Mucha gente jamás lo encuentra, otros creen alcanzarlo cuando realmente solo parecen estar soñando; ilusos, hoy en día a cualquier cosa le llaman sueño, lo más mundano es llamado amor y eso que crees real no pasa de ser un cuento; o no.

No sabes si es cierto lo que piensas, tampoco lo que lees, quizá es que no te centras en lo que debes.
Debe ser que no lo intentas, o que no sabes intentar lo que tienes, pero si no te centras en entenderte, ¿cómo vas a conseguir hacerlo con quien tienes enfrente?

Frente a eso solo queda dejar de mirar ahí fuera. Mira dentro, de ti. Tienes las respuestas a tus preguntas, solo abrázalas, no temas su envoltura.
Envuelve tus miedos y arrójalos muy lejos, que eso no te impida ver lo que realmente hay dentro. 

Adéntrate en tus infiernos, pasea por tus deseos, y cuando algo no te guste no salgas corriendo. Corre, observa; analiza y explora, pues solo así llegarás si de verdad te importa.
Importante, sin duda, cuando ves crecer algo que no te gusta, empero no mires a otro lado, a no ser que quieras lamentarlo. No será hoy, quizá tampoco mañana, pero algún día plañirás el haber cerrado la ventana. Airea tu habitación, deja entrar el sol, permite que ese río fluya en tu interior.

Interiormente preguntas; exteriormente las respuestas, salen. Saliendo y fluyendo al son de tu compás. Tuyo, sí, de nadie más. No mires atrás, ni a un lado ni al otro, déjate guiar por esos pensamientos. ¿Locos? Quizá, pero tuyos.

Tuyas las sensaciones, propios tus pensamientos, que nadie te impida ser, que siempre te dejen serlo.
Ser o no ser, elijo lo primero, pues para no creer ya tengo lo que no quiero.

Quiero soñar con tus palabras, quiero volar con mis deseos, quiero seguir anhelando todo lo que querer quiero.
Quiero que sigas sembrando tu poesía en mis pensamientos, quiero ser ese loco que duerme queriendo serlo.

domingo, 24 de mayo de 2020

Pertenezco, luego siento



Todo el mundo necesita ser algo.

Unos dicen ser de izquierdas, otros, de derechas; hay enfervorecidos seguidores del Madrid o del Barca, quienes adoran a su patria o a sus dioses, e incluso quien toma como dogma de fe una nueva doctrina aprendida en las noticias o en Twitter. Todos ellos tienen sólidas convicciones, ideas muy claras sobre sus creencias y motivaciones.

Y es que, el sentimiento de pertenencia consigue algo que es muy difícil de lograr con cualquier otra herramienta: evitar el miedo y la soledad del alma.


Vivimos en una sociedad sin alma, vacía interiormente hablando, donde el ser humano carece de ideas propias y de convicciones individuales.
Tener el alma vacío es uno de los mayores males que puede tener un individuo; carecer de estímulos espirituales, de creencias y de argumentos ante las preguntas que te hace la soledad.


Ser algo, creer en algo, hace que te enfoques en esa idea, en esa tendencia o creencia. Con esto dejas (en parte) tu vacío interior atrás, enfocando tus fuerzas en eso nuevo en lo que creer, para alimentar tu espírutu y tus ganas de vivir. Consigues objetivos a realizar en ámbitos de tu vida que se encontraban vacíos, inviertes el tiempo en tareas que te convences que aportan.
Con esa nueva herramienta que te proporcionan, sientes que eres útil a ti mismo y a los demás.

Esta utilidad no solo funciona como herramienta interna hacia un mismo individuo, sino también como herramienta social en uno mismo, y es que te ayuda a estar protegido. No hay mejor manera de estar protegido socialmente, que ser parte de un conjunto con unas mismas ideas y creencias, pues entre todos los entes que conforman ese grupo social se dan la protección y la convinción de la que uno mismo carece. Forma parte de un todo y se siente útil y poderoso.

También está la parte revolucionaria que todos llevamos dentro. Ese toque mágico que hace que tu adrenalina aumente y tus sentidos se sientan alimentados por ese nuevo movimiento al que sigues. El tener la sensación de estar haciendo algo más allá del límite, ya sea creando, innovando o saltándose las normas. Eso sí, teniendo el respaldo de un movimiento y un grupo social.


Hay dos formas de vivir: Tratando de generar tus propias ideas y evolucionando según te lo pida tu propia personalidad, o aferrarte a ideas ajenas para creerte en una plenitud incompleta.

¿Cuál eliges?

domingo, 17 de mayo de 2020

Contigo

 

Me susurras en las noches, me visitas de mañana,

aun cuando esté envuelto en tinieblas, siempre elevas mi persiana.


Tu luz dejas pasar, alumbrando mis ideas,

y aunque parezca que no hay más, esta cuerda es eterna.



<<A menudo echo de menos tus paseos por mi cabeza, la belleza de tus formas y el sentarnos a disfrutar de ese juego que tanto nos gusta; recreándonos en ese eterno viaje condensado en las horas, minutos y segundos que el tiempo nos regala.

Por eso, nuevamente, vuelvo a suplicarte al oído que tengamos otra gran velada>>.



Me buscas para hablar si las calles están mudas, me visitas por las noches si requiero de tu ayuda.

A veces imagino que necesitas compañía, aunque realmente no sé si te vale con la mía.


Eres agua en la tormenta, eres fuego en mi deseo,

y aunque tú no te des cuenta, eres todo lo que quiero.


Porque eres bella sin quererlo, porque eres todo sin saberlo, y es que solo con mirarte, yo ya todo lo comprendo.

Te doy forma con mis dedos, en mi papel o en mis sueños, si estás triste te moldeo, despierto o mientras duermo. 


Mira, mira, esto es todo lo que tengo, y aunque bien ya lo conoces, a menudo te sorprendo.

Sólo coso pensamientos, sólo hilo con deseos, no esperes gran cosa, de la tinta de este viejo.


¿Eres canción o eres poema?, ¿eres texto o eres frase?, sé lo que desees, pero no quieras soltarme.

Ven conmigo, te protejo, que aunque hoy esté cansado, para ti siempre habrá versos de este loco enamorado.


En ti siempre confío, sé que no defraudarás

a este viejo aún niño, que no deja de soñar. 


Aunque muchos te maltraten, yo siempre te cuidaré, y es que ellos no saben ver más allá de este papel.

Muchos ciegos ven con los ojos, otros corren siendo cojos, ¡necios y cobardes! ¡impregnaos de estas palabras para así saber tratarlas!

 

Al rozarme tus fonemas, yo ya nada más ansío, pues ya todo se impregna, del color de mis sentidos.

Si me tocas o sonríes, si me miras o susurras, sólo busco por respuesta, tu enseñanza más profunda. 


 

<<Es imposible no mirarte si sales de una hoja de papel, si viertes tu tinta por mis dedos... siempre rellenas mis folios vacíos, los espacios de mi alma... ¿quién?, ¿quién?>>, 

quien quiera que me escuche, quien no quiera que me ignore, pues tu sola melodía es el más bello de los acordes.


Como siempre te agradezco ese canto en la mañana, ese rayo de luz, que da vida a mi ventana.

Ésa que se abría al comenzar la poesía, ésa que quería alumbrar mi nuevo día... cuando yo ya no era nada, nada...


Maldigo el día en que acabe todo esto, pues todo tiene un fin, aunque yo no quiera verlo.

Si existe un más allá quiero un lápiz y cuaderno, para siempre estar contigo, despierto o en el sueño más eterno.

viernes, 15 de mayo de 2020

La humanización



El ser humano es, cada vez, más humano. De hecho, quiere ser aún más humano.
El intento de alejarse cada día más del resto de los animales, hace que esta especie "elegida" se sitúe cada vez más lejos de su propia naturaleza.

Y es que esa palabra, "naturaleza", es cada vez menos inherente a la especie humana.
Cuanto más evolucionamos, menos queremos recordar que una vez formamos parte de ese conjunto de bestias; que llegamos a compartir costumbres. Nosotros somos diferentes: somos seres inteligentes, superiores. ¿Cómo, si no, podríamos estar leyendo este texto desde un teléfono móvil o construyendo rascacielos más altos que cualquier árbol milenario?

El ser humano, desde sus orígenes, ha tenido la necesidad de indagar, de construir, de dar rienda suelta a su única e inigualable imaginación y creatividad. Desde la invención de armas para la caza, al dominio del fuego, la agricultura, la creación de la escritura o la utilización de un lenguaje de extrema utilidad para nuestra comunicación.
Viendo todos estos (y muchos otros) factores podría decirse que el ser humano es una raza superior. Ningún otro animal es capaz de asemejarse a lo que el ser humano es capaz de realizar. Con el desarrollo de la ciencia, la medicina, los avances tecnológicos, hemos llevado el mundo y nuestra propia existencia a unos niveles nunca jamás imaginados, estamos dominando el mundo, la naturaleza y desentrañando todos los enigmas habidos y por haber dentro del mundo que nos rodea.


Hasta aquí, en lo que concierne a las capacidades de esta raza elegida, es bastante evidente que somos una especie única y sin parangón. Pero todos estos avances y el jugar a ser dioses es mucho más peligroso de lo que parece:

Psicológicamente, el ser humano está avanzando a pasos agigantados hacia su enajenación absoluta; es cada vez más insensible, más inservible y, por supuesto, más nocivo para sí mismo y para el mundo que le rodea. Todo esto genera una serie de problema psicológicos a esta especie elegida que, cuanto más avanza la sociedad, más se acabará convirtiendo en algo de lo más común: y es que llegará el momento en que esta "patología congénita" acabe siendo algo absolutamente normal.
 
Gracias a la tecnología y a la automatización y virtualización de procesos, cada vez tenemos menos contacto real con nuestros iguales, y es que incluso algo tan habitual como hacer la compra o quedar con amigos se realiza cada día, de forma más habitual, de forma no presencial.
Con todo esto, nos volvemos seres inútiles. Si bien es cierto que cada día progresamos más tecnológicamente y sabemos más, paradójicamente nos volvemos más inservibles, ya que tareas habituales e inherentes al ser humano están siendo sustituidas por máquinas, por procesos no realizados por nosotros mismos, lo que nos hace perder el hábito de hacer estas actividades.

No olvidemos que el ser humano es un animal creativo, una raza que necesita expandirse, mejorar, idear e imaginar, y si se le cortan las alas solo puede llevar a una salida: la frustración.
Esta frustración, el mal endémico del ser humano en la edad moderna, es el origen de todos los males en el mundo: las guerras, la pobreza, la envidia, las depresiones...
Un ser humano frustrado es una máquina de generarse problemas a sí mismo y, por ende, al resto de la sociedad. La deshumanización, la pérdida de las raíces que el ser humano tiene con la naturaleza, el alejamiento cada vez mayor que tenemos respecto a nuestros orígenes, está acabando con nuestra propia especie.

Para evitar la mencionada frustración, el ser humano necesita idear y crear. Al estar cada día más incapacitados para hacerlo, ya que vivimos en una sociedad con una serie de normas y estructuras donde prácticamente lo tenemos ya todo definido, lo único que nos queda es inventar soluciones a problemas inexistentes, generar ideas nuevas que en un principio son innecesarias, pero que nos hacen sentir mucho más útiles a esta vida que solo vamos a vivir una vez (hasta que alguien demuestre lo contrario).
Muchas veces, estas nuevas ideas que creamos para satisfacer nuestra necesidad de creer en algo nuevo y generar ilusiones, no son más que intentos fallidos; malas, muy malas ideas, que pueden llevar a la gente a situaciones peligrosas e incluso a poner en peligro parte del mundo que le rodea con creencias erróneas, adulaciones a individuos o seres inexistentes, creencias en algo que se transforma en nuevas costumbre, ideas revolucionarias innecesarias un con una base insostenible... con el simple objetivo de buscar algo diferente en lo que creer, algo a lo que aferrarse y algo que nos haga sentir especiales.


En definitiva, esta carrera por la humanización, por la desnaturalización del ser humano, está enajenando a la propia especie. Y la mala noticia es que parece ser una carrera sin línea de meta.



martes, 24 de marzo de 2020

La Purga




Ninguno de nosotros había vivido esto antes. Una pandemia a nivel mundial, gente recluida en sus casas durante un tiempo indeterminado, muchos de ellos perdiendo su trabajo mientras no pueden hacer otra cosa que mirar por la ventana con los ojos humedecidos. Otros, trabajando, expuestos al contagio de un virus que nos ha cogido a (casi) todos por sorpresa. Los menos agraciados, cerrando los ojos antes de tiempo, para abandonar este mundo en solitario.

Parece una de esas películas del fin del mundo que tanto nos gustaba ver en la televisión. Sin embargo, es real, muy real.

Ninguno damos crédito a algo que, más pronto que tarde, acabaría sucediendo.


Conspiración.

El dinero mueve el mundo: la economía, la codicia del ser humano, las ganas de poder.
El nivel de industrialización, los avances tecnológicos y la carrera por progresar cada vez más, hace que las principales potencias mundiales sean capaces de cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos.

Pero, ¿hasta qué punto le interesa una pandemia mundial a las principales economías?
Estados Unidos y China son las principales potencias del planeta; esta segunda ya emergió hace unos años y su exponencial crecimiento está poniendo patas arriba la economía mundial. Casualmente, es aquí donde ha aparecido el primer caso de este enigmático virus. ¿Casualidad?

El principal sospechoso al que se ha señalado con el dedo es China, allí es donde apareció el virus, en la ya famosa ciudad de Wuhan. En un principio nadie habría sospechado de ellos, ya que carece de sentido crear algo que destruye a tus propios habitantes. La cosa cambia cuando pasan las semanas y vemos que el virus se propaga por todo el mundo, afectando a todas las economías, principalmente la europea y la estadounidense, mientras en China ya parecen haberlo controlado.

Recordemos que, al principio de toda esta historia, un científico chino ya alertó de que algo estaba pasando, un virus había aparecido y podría llegar a ser devastador para el mundo. Este hombre fue acallado por el gobierno chino y, a los pocos días, murió. Hay quien dice que fue a causa del Coronavirus, otros, que había intereses de fuerza mayor para que “desapareciese”.

Casualmente, cuando China ya se está recuperando de todo esto, cuando incluso parecen haber inventado una vacuna, es cuando el resto del mundo está en clara recesión y enfrentándose a este gran problema. China exporta material sanitario y ayudas al resto del mundo, limpiando su imagen y pareciendo “el bueno de la película”.

En el otro lado, tenemos a Estados Unidos.
Como bien sabemos, la rivalidad entre estas dos mega potencias es feroz. A Trump le interesa a toda costa quitarse de encima la incipiente hegemonía China. Infectando el país del Sol Naciente con este virus, conseguiría dos claros objetivos: Que la gente pierda confianza en el mercado asiático y que la población china se vea mermada.
De ser esto cierto, podríamos estar ante una nueva Guerra Mundial. Quizá silenciosa, quizá sin que veamos armas ni aviones... posiblemente sin que sepamos que estamos en guerra.


Naturaleza.

Estamos acostumbrados a vivir en una sociedad de consumo: con nuestra casa, coche, televisión y todos los bienes y servicios que queremos, incluso con infinidad de ellos que ni queremos o necesitamos. También nos permitimos (lo que antes eran lujos) viajar a conocer otros países, en rápidos aviones o cruceros por el océano. Somos una sociedad que ha nacido viendo esto, lo hemos mamado desde pequeños, por lo que nos parece algo normal.

La inmensa mayoría no conocemos la guerra en primera persona. Podría decirse que no sabemos nada acerca de la guerra. De vez en cuando vemos noticias en televisión de gente que pierde la vida en países que parecieran salir de una película, como Afganistán, Iraq, Sudán o el Congo, pero no es más que eso, noticias de un mundo completamente ajeno al nuestro, que sirven como inspiración a directores de cine para seguir entreteniéndonos con sus filmes.

Pero hagamos retrospectiva y miremos al pasado:

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha vivido en guerra. No se conoce ninguna época en la historia de la humanidad en la que no hayan existido guerras, en alguna parte del mundo, tan siquiera durante un período de unos pocos años. Desde la remota Sumeria, pasando por Mesopotamia, grandes imperios como el Romano o el Persa, o más recientemente, desde el siglo XV hasta nuestros días, con la Guerra de los 30 años o las Guerras Mundiales. Nunca, nunca en la historia hemos vivido en paz.

Tampoco nos hemos salvado de las pandemias. En el siglo XIV, la Peste Negra asoló Europa hasta aniquilar a prácticamente la mitad de la población. Y, sin ir más lejos, hace apenas 100 años el cólera arrasó a más de 50 millones de personas en todo el mundo.

Esto, por citar únicamente un par de ejemplos. La realidad es que cada pocas generaciones existe una gran pandemia que mata a miles, si no millones de personas.

Ni que decir cabe, que ninguna de estas pandemias fue obra de conspiración alguna del ser humano, sino de simples mutaciones de virus.

Ahora, veamos dos puntos muy interesantes a tener en cuenta sobre la evolución del mundo en que vivimos, en lo que concierne al ser humano: la superpoblación y el uso del planeta.

En el siglo XV, hace tan solo 500 años, la población mundial era de unos 500 millones de personas. Esta población fue elevándose de forma progresiva hasta alcanzar los 1.000 millones de habitantes en la Primera Revolución Industrial, allá por el año 1800. En poco más de 100 años, a comienzos del 1.900, la población mundial se había triplicado. Hoy en día, estamos hablando de más de 6.000 millones de habitantes, que según estimaciones, serán 10.000 millones dentro de unos pocos años.

Como podemos imaginar, este crecimiento es insostenible. Estamos hablando de miles de millones de personas con unas necesidades; necesidades alimenticias, de consumo energético, consumo a nivel ocio, transportes, generación de basura, etc. Los recursos del planeta son limitados, ¿hasta cuándo podrá seguir dándonos de comer y de vivir este pobre y explotado planeta, que tan generosamente nos ha permitido permanecer aquí tantos años?

Visto todo esto, no cuesta mucho imaginarse que, en un país donde actualmente viven más de 1.400 millones de personas, en una ciudad como Wuhan, con 11 millones de habitantes (sí, en una sola ciudad), donde muchos de ellos viven acinados, en condiciones anti higiénicas, con alimentos en no mejores condiciones… lo raro es que no se haya expandido un virus o cualquier otro tipo de enfermedad mucho antes. Y, visto lo visto, suerte tenemos de que esta pandemia mundial en la que actualmente estamos envueltos, no sea más que un “simple intento” de pandemia, un pequeño test que nos hace la madre natura.

Si bien es cierto que vivimos en un estado de emergencia mundial, no debemos olvidarnos que el ser humano siempre ha estado inmerso en situaciones similares (normalmente mucho peores) a lo largo de la historia.

No olvidemos que somos la generación que más comodidades ha tenido y mejor ha vivido a lo largo de la historia conocida. Seguramente, por eso mismo nos coge a todos por sorpresa. Por ello cuesta tanto no escaparse al bar a tomar algo, salir con el teléfono móvil a cazar Pokemon o pasar la tarde en un enorme centro comercial, comprando artilugios o ropa innecesaria.
Es la razón por la que la gente no es capaz de aguantar 30 días en su hogar (con abundante comida y bebida, televisión o teléfono móvil). Ya le gustaría a nuestros abuelos y bisabuelos (o quienquiera de cualquier otra generación) estar encerrados en sus casas, en las condiciones actuales.


El futuro.

La gente más optimista cree que esto es una buena lección para la humanidad, que todo cambiará y comenzaremos a dar valor a cosas que antes no hacíamos, o que aprenderemos a cuidarnos mejor los unos a los otros. 

Más que un optimismo real, podría decirse que es una forma de animarse, autoconvencerse de que existe una solución a este agujero sin fondo.

La realidad es que, en cuanto pasemos todo esto, nos olvidaremos de lo sucedido. La gente seguirá siendo egoísta, mirando por sí misma, calmando su sed en centros comerciales, invirtiendo su tiempo en conseguir el teléfono más novedoso o viajando a los más lujosos resorts, dentro de países inmersos en el hambre y la desigualdad.

Seguiremos intentando mejorar la economía, desarrollando la tenología, automatizando procesos, llevaremos la ciencia a un nivel superior. Tal excelencia evolutiva irá haciendo a esta raza cada vez más inservible... y aniquilando nuestro hogar, nuestro planeta, para llevarlo hasta la extenuación.

Desgraciadamente, esto solo es el comienzo de lo que muchos de nosotros no terminaremos de ver. Algo mucho peor está por llegar, algo que afectará de forma casi decisiva a esta especie maldita. Y es que, la naturaleza seguirá con su purga para intentar sobrevivir.

lunes, 16 de marzo de 2020

Caminando hacia el destino



El viento hace danzar las ramas de los árboles, quizá conscientes de su nuevo sino. El mudo canto del horizonte produce un sosegado ambiente, pincelado por otro bonito amanecer.

Compungido y moribundo, Hanwu deambula de un lado hacia otro, sin saber muy bien qué hacer ni hacia dónde ir. Ha perdido las ganas de comer y, aunque las recuperase, no tendría muchas alternativas con que alimentar su enjuta figura.
Una vez más, grita, grita muy fuerte, recibiendo el graznido de un grajo como respuesta; esta vez, al menos, no era el eco quien se burlaba de él.

Por más que busca, por más que trata de encontrar una solución, ya es demasiado tarde, incluso para su siempre prolífica imaginación. Solo le queda respirar hondo, cerrar los ojos y seguir caminando. Caminando hacia cualquier lugar, como lleva haciendo... no recuerda cuántos meses. El destino así lo ha marcado, ese maldito ser al que nunca ha visto; pero sabe que siempre estuvo ahí, escondido para pensar en él en los momentos más oportunos.


Cuando era pequeño, le encantaba sentarse en las rodillas de su abuelo a escuchar las historias de los grandes emperadores. Siempre le fascinó la idea de imaginar la espectacular Shiji, donde el gran Huang, rodeado de ríos de mercurio, esperaba la vida hacia el más allá.

No menos impresionado quedaba por las historias de aquellos lejanos hombres que combatían en las remotas tierras de Occidente, donde un gran imperio se hacía dueño de la mitad del mundo conocido.

<<Conquistas, muertes, pillaje, el ser humano siempre fue proclive a la destrucción>>. <<Destruir para construir; matar para nacer>> solía decirle su abuelo; sin duda, la persona más sabia que nunca conoció.

Y es que, en eso consistía el ser humano, esa especie tan superior e inteligente que, decían, había habitado el lugar que él ahora pisaba, desde hacía mucho, mucho tiempo.


<<No puedo más, necesito unas nuevas sandalias>>. Hanwu se vuelve a sentar. Sus pies, agrietados y doloridos, le impiden caminar durante más de dos horas seguidas. Mientras tanto, continúa reflexionando sobre tanta incoherencia: cómo un ser tan inteligente había llegado a su propia destrucción. Siempre ha pensado que había un mal endémico llamado codicia, por la que los humanos querían tener cada vez más posesiones, para así sentirse más felices. Felicidad que no tenían de forma intrínseca y que, para conseguirla, necesitaban arrebatar algo a alguien; ya fuesen bienes materiales o incluso sesgando vidas.

Pero él escasamente había llegado a verlo, todo eran habladurías de sus ex camaradas. Ahora no puede mas que recordar aquellas palabras; pensar, imaginar.

<<Siempre fue una especie con muchos temores, llena de miedos>> se dice mientras observa un conejo tratando de entrar en su madriguera. 

<<Quizá, por esa capacidad de preguntarse “¿Cómo?” y “¿Por qué?”, cuanto más sabía, más miedo tenía. Y eso, el miedo, le hacía la más vulnerable de las especies>>.
Hanwu también palpa su propia vulnerabilidad. Se siente completamente solo, frágil, aunque no es una sensación nueva para él.

Mientras continúa su camino hacia no sabe muy bien dónde, trata de descifrar esa extraña sensación que tiene en su interior. Sabe que su fin está cerca, pero está tranquilo, todo está siguiendo su curso natural.

<<El humano nunca fue capaz de vivir en paz. Siempre fue una raza maldita, una especie incapaz de sobrevivir a su propia evolución. Y es que, no hay nada más estúpido que evolucionar hacia tu propia extinción...>> cavila Hanwu, mientras se rasca la barbilla. <<Quizá ése fuese su sino desde el principio de los días, acercarse al conocimiento absoluto para, una vez conseguido, autodestruirse>>.

<<Es la mejor manera de volver a comenzar, la verdad es que tiene sentido>> se dice en voz alta, mientras da una patada a una pequeña piedra.

Como le contaba su abuelo, el universo siempre tiende a equilibrar la energía; mucha energía positiva se equilibra con negativa, así como épocas de sequía lo hacían con otras de buena cosecha. 
<<Guerras, asesinatos y malas intenciones, siempre fueron contrarrestados con las buenas voluntades de los mártires, que devolvían parte de equilibrio al mundo>>. Una vez más, mira al cielo y se pregunta quién maneja todo esto a su antojo. Le gustaría conocerlo, tiene tantas, tantas preguntas que hacer...


<<Ahora, el destino parece haber reequilibrado la balanza cuando más descompensada se encontraba>>. Hanwu piensa en todos aquellos años que, según decía su abuelo, la especie humana estuvo dominando el planeta. El abuso de los recursos que tan bondadosamente le ofrecía la madre naturaleza. La oportunidad, malamente aprovechada, de ganarse un buen sitio en la historia. Tantas y tantas cosas le llenan de desazón... aunque, al fin y al cabo, termina recordando todo aquello con una pequeña mueca de agrado.

<<Parece que esa balanza se inclinó demasiado>>. Ahora, parecía haberse equilibrado el pulso entre el ser humano y la Naturaleza. 
<<Quizá, ese extraño ser llamado destino, ya sabía que esto sucedería>>.

Hanwu, solitario y pensativo, vuelve a toser mientras continúa su viaje sin rumbo fijo, esperando su turno; el momento de dejar sitio a un nuevo comienzo.


lunes, 30 de diciembre de 2019

Pato



Pato era un patito algo particular. Su patita izquierda era un poco más larga que la derecha, lo que hacía gracioso su movimiento bípedo. Su áspero plumaje malamente escondía su, cada día, más preocupante exceso de peso; a él no le importaba, ya se había acostumbrado a su desproporcionada figura, aunque ésta le impidiese nadar y chapotear en su, antaño, charca favorita.
Las charlas con sus amigos o las noches de teatro, siempre acompañadas de esa rica bebida altamente graduada, eran mucho más agradables que las tontas aficiones de esos ineptos patitos del otro lado de la charca... parece mentira que fueran considerados de la misma especie.
<<Retrógrados inadaptados>> se decía cada vez que veía sus tontos entretenimientos en el agua o volando, como si de estúpidas alimañas se tratara.


Pero empecemos por el principio, ya que esta historia no siempre fue así...

- ¡Haaahhh! he vuelto a ganar, ¡sois unos lentos!

Era el más rápido, hábil y nadaba mejor que el resto de sus amigos. A Pato, todos le tenían por un gran atleta, además de guapo y elegante, debido a su colorido y gran plumaje. Sus alas, lisas y con un toque aterciopelado, hacían de sus vuelos una delicia para todo aquel que le divisaba en la distancia. Desde pequeñito, siempre fue el ojito derecho de su profesora de caza y, aunque modesto de él, no quisiera reconocerlo, más de una apuesta patita le hacía patitas bajo el pupitre, con la excusa de un simple resbalón.
Todas las tardes iba con sus amigos a capturar peces en el río; a parte de ser una sabrosa comida, el divertimento de estar con sus compañeros y jugar le hacía sentirse feliz, aunque esa noche tuviera que conformarse con un par de gusanos de tierra o algún que otro bichito como única comida en su pequeño platito.
La vida en la Gran Charca era jovial y amena. Los árboles que rodeaban ésta, les proporcionaban sombra en los días calurosos y, su protección en días lluviosos, era tan apreciada como un rico baño en el barro de una extenuante tarde de verano.
Al otro lado de la Gran Charca, tras cruzar el Gran Puente, estaban aquellos odiados patos grises. Los enfrentamientos entre uno y otro lado de la Gran Charca eran constantes, ya que no podían permitir que unos extranjeros volasen más alto que ellos o ganasen las competencias en los Juegos Deportivos Anuales.

Un día, mientras jugaba a la pata coja con sus amigos, se resbaló cerca del Gran Puente y acabó golpeado por una azarosa piedra que se encontraba en su camino. Esto le llevó a estar convaleciente durante 6 semanas, con una patita rota, lo cual le hizo perderse los Juegos Deportivos Anuales que, con tanto ahínco, esperaba durante tan larga temporada. Todos los días recibía las visitas de sus amigos y de su vecina Pati, la patita que le gustaba. 
Pero todas las noches, durante largo tiempo, en la cabeza de Pato siempre estaba esa piedra, esa maldita piedra. Si el incierto destino no la hubiese colocado ahí, no estaría triste y apesadumbrado, convaleciente en su gran infortunio.
Durante su larga recuperación, se dio cuenta que algo estaba cambiando en su aspecto: su color se había tornado algo más oscuro, similar al de aquellos patos tan odiados del otro lado del Gran Río. Quizá, su humor más adusto y la falta de aire fresco, le hizo cambiar algunas rutinas; la mala digestión que últimamente le acechaba, le hizo alejarse de su rica dieta, basada en aquellas sabrosas lombrices de tierra y jugosos pececillos.

Pato intentaba hacer ver a sus compañeros que los alrededores de la Gran Charca debían ser asfaltados, no podía permitir que la gente sufriera percances por algo que se podía y debía evitar. ¿Acaso eran ellos unos ignorantes, como aquellos patos del otro lado de la Gran Charca?
Comenzaron a depurar el agua, con el objetivo de evitar problemas estomacales y, la ingesta de ramitas de caña y algas, sustituyeron a los peces y lombrices, adaptándose más a la dieta de unos patitos civilizados que aquellos depredadores y atrasados ignorantes.
Pato aún conservaba su carisma y gran oratoria. Como si del mismísimo Zaratustra se tratase, fue poco a poco convenciendo a su comunidad de que sus ideas eran las mejores para que todos tuvieran una vida más saludable, hasta que todos los patitos y patitas de la zona asimilaron sus dogmas como el camino a seguir. Cuando alguien trataba de hacer algo diferente a los demás, como cazar lombrices o intentar cortejar a una bonita patita, era reprochado por todos hasta el punto de tener que exiliarse al otro lado del Gran Río. Era inaceptable ese comportamiento, más digno de sus déspotas antepasados que de una inteligente comunidad como la suya.
La vida en la Gran Charca era, poco a poco, cada vez más digna y decente. Por fin, todos los patos y patas llevaban unas costumbres propias de una sociedad como la suya. Y Pato, el gran pato, había sido el artífice de ese crucial cambio. Todos, siempre le recordarían.


Cierto día de primavera, unos animales muy grandes que caminaban sobre dos patas, aparecieron en el lugar.
Aprovechando las buenas condiciones del asfalto, su desplazamiento en gigantes máquinas era tan rápido que habrían ganado al más hábil participante en los Juegos Deportivos Anuales.
Sin mucha dificultad, unos patitos fueron capturados e introducidos en enormes sacos de tela, otros, degollados en la puerta de sus casas. Los que más suerte tuvieron, murieron ahogados en el Gran Río, incapaces de nadar para buscar su salvación.
La gran mayoría habrían podido salvarse de aquella matanza pero, sus alitas, inutilizadas durante tanto tiempo, ya no servían para eso que consideraban un acto tan inútil y rudimentario. Otros, acostumbrados a la vida sedentaria, ni si quiera podían escapar impulsados por sus dos patitas, y eran capturados como trofeo por aquellos descorazonados asesinos.

La Gran Charca quedó prácticamente vacía. Mientras tanto, al otro lado del agua, los odiados vecinos sobrevolaban la zona. Observando con incredulidad, cómo la estupidez de una raza que se creía superior, se extinguía para dejar tras de sí una nueva lección para la historia.

Engañoso placer



- ¿Qué le pongo?
- Una magdalena con crema.
- ¿Algo más?
- Nada más, gracias.

A Damián nunca le habían gustado las magdalenas; menos aún esa viscosa sustancia, más parecida a leche en descomposición que a sabroso y dulce relleno... hasta que comprendió que estaban muy sabrosas. Siempre había sido una persona muy ciega. Gracias a su mujer, al fin había encontrado sentido a todo aquello que le rodeaba y nunca había sabido apreciar.
¿Cómo, si no, habría podido descubrir esa gran afición a la lectura? Y es que, tan largas horas disfrutando de la compañía de Cervantes o el Arcipestre de Hita, junto a su eterna amada, hacían de sus noches invernales una auténtica dicha.
Obras teatrales, degustación de un buen vino, o esos preciosos cuadros pintados por un joven Velázquez, habían transformado su realidad. Todo aquello se había convertido en sus nuevas aficiones, más propias de su distinguida vida que de otras actividades indignas de cualquier buen hombre que se precie.

Burlose del destino esquivando un fangoso charco que el camino le había puesto como trampa, hasta llegar al punto medio de su paseo matinal.

<<Pobres infelices>> se volvía a decir, mientras observaba a esos malditos labradores trabajando en la arboleda. Sus sucias manos araban indecentemente la tierra, mientras sus puercos ropajes ayudaban a maximizar su mugrienta y desdichada imagen.
Tanta rabia hacia esos pobres jornaleros no era más que un rencor escondido en sus adentros, que le impedían rememorar su feliz pasado en las tierras bajas de Toledo. Menos mal que Amancia apareció en su vida... desde entonces, no volvió a necesitar nada de eso; esa indecente vida cambió gracias a su querida esposa.
Es todo lo que él había deseado, ser amado por una bella mujer, a pesar de su poca estatura y aguileña nariz; no necesitaba más, únicamente compartir aficiones para hacerle la mujer más querida y feliz del mundo.


Durante la noche, su última noche, con las doce uvas postradas en su plato, inertes, y con la única atención del propio Damián, éste pensaba; reflexionaba sobre su mísero futuro, mientras observaba de reojo esa sucia soga que tanto le llamaba la atención desde hacía 4 meses.
Aquella asquerosa leche podrida le carcomía las tripas, su sabor era tan desagradable que le costaba pensar que alguien pudiera sentir placer al tomarla. Ni aquellos bárbaros que decían haber descubierto en las lejanas indias podrían disfrutar de tal potingue.
Avivó el fuego de la lumbre con los aburridos libros en los que nunca encontró diversión alguna, para provocar aún más las llamas con los inútiles trozos de madera pintados por esos nuevos locos.

Lo que había sido todo para él durante los últimos 6 años de vida ya no existía; y nada de lo que le rodeaba le haría recobrar la esperanza de volver a disfrutar los felices días vividos tiempo ha: rodeado de mugre, tierras de labranza y malolientes mulos de carga.

Cerró los ojos y se dejó llevar por los colores y trozos de incomprensible papel que avivaban su inminente destino.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Cavilando sobre la fe en los tiempos modernos



El mundo anda falto de fe, de algo en lo que creer.


Vivimos en una sociedad moderna en la que muchos de los paradigmas han sido resueltos mediante la razón y la ciencia, donde somos conscientes de gran parte del mundo que nos rodea; eso hace que el ser humano busque nuevos dogmas, algo en lo que creer para así mantener su mente y creatividad ocupadas.
Y es que, para bien y para mal, el ser humano es un animal racional y creativo. Cuando se tiene todo y se entiende todo, no hay capacidad de seguir desarrollando la creatividad. El resultado es una necesidad de nuevas creaciones y creencias.

Desde tiempos inmemoriales, esto se solucionaba de una forma básica y sencilla: la creencia en un Dios (o varios). Una figura divina que nos daba seguridad, respondía nuestras preguntas y resolvía nuestros conflictos internos.
Aun viviendo reprimidos por un rey, cultura o sociedad, los seres humanos tenían fe en algo, ese "algo" que les hacía vivir con un amor incondicional hacia un ser esotérico e intangible.

A lo largo de los siglos, a medida que el mundo iba evolucionando, las sociedades iban ganando libertad. A la par, la razón y los nuevos descubrimientos iban desechando creencias ancestrales que daban seguridad al individuo; esto es, eliminando sustentos que eran elementales para su tranquilidad interior.

Con la Revolución Industrial, el ser humano dio un gran paso adelante en la capacidad de aumentar la eficiencia de su trabajo. Se dio cuenta de que podía exprimir mucho más su inteligencia para mejorar el rendimiento de sus acciones.
Gracias a multitud de descubrimientos e inventos, el ser humano fue desarrollando y creando una nueva sociedad, exprimiéndose tanto social como individualmente.

A medida que el hombre iba teniendo más conocimiento del mundo que le rodeaba y ganando una vida cada vez más cómoda y llena de lujos, éste se intentaba superar, creando y aprendiendo más. Así se llegó a la segunda Revolución Industrial, a los tiempos de los ordenadores, la exploración espacial, el entendimiento biológico del ser humano y así un sinfín de progresos.

Todos estos progresos no han hecho mas que sumirnos en una profunda crisis existencial, que vivimos durante el último siglo. Una crisis en la que estamos faltos de algo que nos aporte tranquilidad interior, creencias que nos trasmitan el sentimiento de pertenencia de algo, no solamente de disfrutar de los progresos y todo lo conseguido durante tantos siglos de avance.
Así, surgen y se nutren los partidos políticos de gente con fe; fe en unas creencias, en unos colores de los que muchas veces desconocemos su significado, pero que nos hacen sentir pertenencia de un algo; formar parte de un conjunto que cree en lo mismo y se apoya incondicionalmente, evitando ese sentimiento de soledad que produce el utilizar la razón de forma individual y con criterio propio. Por eso hay gente con opiniones tan diversas, políticamente hablando; por eso somos de partidos de derechas o partidos de izquierdas, tan diferentes en sus conceptos, en lugar de utilizar la razón y seguir un criterio propio, seleccionando las ideas de unos y otros que más se acerquen a nuestros supuestos principios. Los seres humanos prefieren formar parte de un conjunto de ideas preestablecidas, a establecer ellos mismos sus ideas propias; si así hiciesen, se sentirían perdidos en un mundo tan grande y variopinto. 
Lo mismo pasa en todos los ámbitos de la vida. En el fútbol la mayoría de la gente es de un equipo, y quien no lo es, está excluido de ese entorno. Con el fin de tener una seguridad, de formar parte de "un algo" para así pertenecer a un grupo y ganar seguridad, la gente se afilia a un equipo, a un partido político o a cualquier conjunto de ideas que le haga olvidar la triste realidad de la vida: que todos estamos solos, como seres individuales que somos.

A la vez de tener esa necesidad de formar parte de algo y ganar seguridad, también nos urge la necesidad de investigar, crear y dar rienda suelta a nuestra imaginación, lo cual crea un gran conflicto interno en nosotros mismos.
Esa lucha interna entre crear y aferrarse a algo que nos aporte seguridad, hace que el ser humano se vea envuelto en una constante encrucijada, donde la frustración y el miedo nos lleva a actuar de formas tan incongruentes y aparentemente irracionales.

En los últimos años, han aparecido nuevas tendencias sociales, pensamientos en masa, que no son mas que nuevos adoctrinamientos por parte de gente que se siente perdida en su "yo" individual.
Así, el feminismo, el animalismo y muchos otros "-ismos" han ido evolucionando hasta convertirse en un problema para la sociedad. La mayor parte de estas tendencias, que en la base e idea principal son beneficiosas y aportan una evolución dentro de su propio ámbito, acaban siendo una simple forma más de crear un nuevo grupo social que nutra a los individuos de fe y les ayude a escapar de ese miedo que les aterra.
Lo que en un principio comienza siendo una gran idea para conseguir igualdad social o mejorar la vida de un colectivo, acaba siendo un hierro más al que aferrarse para apagar miedos internos, transformando una gran idea en una herramienta de escape individual, normalmente alimentada de odio (generado por frustración propia del individuo). Algo similar sucedió con el Comunismo, la Revolución Francesa e incluso con el nazismo, pero eso ya es otra historia...

Y es que, el ser humano, a pesar de tantos avances y al igual que sucedía siglos atrás, necesita creer en algo. Necesita formar parte de algo que le haga sentirse útil, que le haga perder el miedo en este loco e incomprensible mundo.

martes, 3 de septiembre de 2019

El viejo saxofón


Viejo, solo, apartado en un oscuro rincón de ese sucio apartamento, a solo tres manzanas de su lugar de encuentro favorito. El polvo cubre lo que un día fueron destellos de vida; su melancólica voz es, ahora, melancólico mutismo, aguardando su último aliento mientras el postrero brillo de su tez se apaga en la más indigna soledad, rodeado de cajas de cartón y motas de polvo.
Su triste presente no es más que el mitigado recuerdo de un glorioso pasado, fiel amigo de la historia que tan grande le hizo. Y es que no hay mayor pesar que caer en el olvido; no hay más pena que ser nada cuando, otrora, se fue todo.

En compañía de lo más distinguido de la zona, su magnificante voz sonaba a dulce melodía; susurros exhumando una dulce mezcla de nostalgia y dulzura que hacía soñar y encandilaba a todos los presentes. Ese vigor y frescura, hacía de su presencia un digno acompañante allá donde fuere.
Y es que, esa alegría y vitalidad parecían eternos. Por todos conocido, no había quien se resistiera al encantamiento de su tenue voz y pocos son los que no habían soñado, al menos varias noches, mientras disfrutaban alguna de sus estrofas.
Incluso sus quejidos, tristes y apesadumbrados, eran reconocidos con alabanzas; ironías del destino, ahora solo el eco escuchaba y entendía sus penas... pero éste no le respondía con adulaciones, sino con un incómodo e insoportable silencio. Maldito silencio.

Su ternura ya no es más que el triste quejido de un viejo solitario, ebrio de nostalgia y, hasta el polvo, que tinta su vestimenta, parece haberle perdido el respeto que alguna vez le tuvo.
Esperando, inmóvil ante su triste destino, sus últimos días se apagan mientras toda su vida pasa una y otra vez por su ya deteriorada memoria. Su dolorida estructura no le permite moverse como antaño, su endeble cuerpo no es más que una triste sinfonía en Do menor de su afligido presente; la poca esperanza, aunada a su creciente desdén, le niegan todo intento de volver a ser quien ya nunca volverá. 
"Maldito presente" se dice cada mañana, mientras cruelmente rememora un pasado que, a menudo, le parece un sueño lejano de un viejo loco.

La coma


- ¡Cuidado, no me pisen!
Una vez más, nuestra larguirucha compañera ha sido arrollada por otro ingenuo e incrédulo hablante. Ya está harta de tanta prisa, de tanto menosprecio y, sobre todo, de su incomprendida e infravalorada existencia.

Nuestra vieja amiga ya se ha dado por vencida en esta dura e infructuosa lucha ante la ineptitud de la gente, ya no quiere seguir adelante, se encuentra sola en este mar donde la incapacidad humana navega en su gran velero y, la ingenuidad y la desconsideración, viven en una isla repleta de oscuras sombras. Nuestra compañera, sola e incomprendida, trata de no ahogarse entre tantas palabras indebidamente proliferadas por parte de su principal amenaza, el hombre.
Y es que es el hombre quien le había llevado a su casi destrucción. Aunque, lo que quizás ella no sabe, es que fue el propio hombre quien le dio vida hace ya mucho tiempo, cuando solo convivía con su gran compañero, el punto. Más adelante, los dos puntos y las tildes se unieron a este cada vez mayor grupo de pequeños signos, hasta que su presencia se hizo imprescindible en la comunicación.

Y es que, antaño, era alguien. Era alguien importante y respetada, donde su presencia imponía y su autoridad estaba latente. Cuando ella aparecía en una frase, todos se detenían ante la fabulosa y delgada pequeñaja. Pocos eran los que hacían caso omiso a sus reglas y, menos aún, los que abusaban de su confianza. Y es que ella es poderosa; es graciosa si se la sabe utilizar e incluso posee gran capacidad para maniobrar el sentido de las frases, si no se la utiliza correctamente puede causar verdaderos estragos. Malvada cuando quiere y honrada cuando puede, pero si no se la quiere, se venga si puede. La gente siempre se detiene ante ella, una mezcla de respeto y adulación ante quien se la encuentra de frente, a lo que prosigue una apresurada zancada para no adorarla más de lo debido. Y es que ella no es como el punto, quien obliga a una larga detención, ella es más humilde e indulgente. Para muchos, incluso más simpática y bonachona.

Quizá por ello la gente la menosprecia, pocos la valoran en su justa medida y su poca bravura hace que se le falte el respeto más de lo que se merece. Alguien que solo pretende dar lo mejor de sí no debería ser pateada y ninguneada de tal forma. Alguien como ella debiera ser eterna y asidua, constante y necesaria; no dejemos que desaparezca, admirémosla como se merece.

Oda a la 'A'



Para unos simple, para otros sencilla, para muchos incluso aburrida. Para todos imprescindible.
Y es que no se puede privar de algo tan esencial; es monótona, sí, pero necesaria. Es repetitiva, pero indispensable. Aun así, nunca empalagosa ni molesta, cansina ni hastía.
La más importante de todas; sin ella no existirían las demás. Siempre en cabeza, guiando a sus compañeras y eternamente invariable.
Es la primera que se pronuncia en la vida, quien que nos acompaña en todas las aventuras, es la más famosa, elegante… y siempre, siempre va delante. Y es que ella es la más importante.
Suave, cálida y dulce si se pronuncia con calma y entonación, y la más bonita si se quiere y entiende.
Sincera, auténtica y mágica.

Siempre con nosotros, siempre fiel.

Chiste historia

Iban dos por la calle y se cayó el del medio.
El del medio se rompió la rodilla,
y Rodilla tuvo que ir al médico de urgencias.
¡¡Pero Urgencias estaba en casa con gripe!!
Vaya guarrilla, y mientras su marido en el trabajo…
Ya le dijo su madre que no se casase con ella,
¡Y él la hizo caso! No se casó con Ella, se casó con Gripe.
Y así pasó, que se fue con el primero que pilla.
El primero que pilla, Urgencias… ¡hasta con el fontanero!
Menuda historia para no dormir…
Y No Dormir no durmió esa noche,
Tenía miedo a la oscuridad.

-¡Oscuridad! ¡Deja dormir a No Dormir!
Oscuridad le hizo caso y dejó dormir a No Dormir,
No Dormir ya era feliz…
Pero la gente no se acostumbraba a llamarle Feliz, le seguía llamando Oscuridad.
Oscuridad entristeció, enfermó de pena, nadie le entendía.
Y al final… ¡¡él también acabó en casa con Gripe!!
Jodida Gripe, no tenía suficiente con Urgencias ni con el fontanero, que también se fue con Oscuridad.

Y en efecto, acabó con Oscuridad.
Si ya no hay oscuridad, ¿ya no existe la noche?
Y la noche murió, ¡ya solo existía el día!
El día fue feliz, siempre estaría presente.
Y Presente también fue feliz.
El día fue feliz, Presente fue feliz… ¡todos eran felices!
Todos eran felices excepto el marido de Gripe, pobre marido de Gripe...